Convento de las Madres Concepcionistas

Un sentimiento de clausura impregna el aire de la Plaza Duque de
Béjar, conocida popularmente como “el pilarete”. La fuente del centro de
la plaza constituye un ejemplo del trabajo de los canteros de Hinojosa que
han sabido perpetuar esta tradición a lo largo de los siglos. El sonido del
agua acompaña nuestros pasos por uno de los más bellos rincones del
pueblo. Aquí parece haberse detenido el tiempo. La quietud sólo se ve
rota por la pequeña campana que se cobija en la espadaña que corona la
fachada del monasterio.
Fundado a mediados del siglo XVI gracias a las donaciones realizadas
por Fray Luís de la Cruz, uno de los hijos de Alfonso II, Duque de Béjar y
Conde de Belalcázar, este cenobio de religiosas configura con su fachada
una de las más majestuosas plazas de la comarca de los Pedroches.
Escuchemos lo que escribía el Padre Juan Ruiz en su obra la “Ilustre
y Noble Villa de Hinojosa de Hinojosa del Duque sobre la fundación de
este convento: “Avía en la villa de Hinojosa dos conventos pequeños y
pobres de Monjas Terceras, que eran el de la Madre de Dios de arriba, en
la Virgen del Castillo; y el de la Concepción, o la Madre de Dios de abajo”…

El 6 de febrero de 1543, Fray Luis de la Cruz, hijo de D. Álvaro, Conde Belalcázar, otorgaba testamento en Hornachuelos, ordenando que a sus expensas se fundase un Convento. Conozcamos este testamento siguiendo de nuevo al más ilustre historiador hinojoseño, el Padre Juan Ruiz: “Y las otras dos tercias partes de la dicha dehesa de la Alcantarilla, y tierras de llevar pan, que son mías propias las dejo y mando para que la en la vía e forma que de derecho, para otorgar 3.000 ducados para el convento y una renta anual de 200.000 maravedíes para el sustento de las religiosas”. El 15 de septiembre de 1573, Su Santidad el Papa Gregorio XIII en un Breve concedió “que los dos Monasterios de Monjas de la Villa de Hinojosa, que es en este Condado de Belalcázar, el uno de la advocación de la Madre de Dios y el otro de la Concepción se juntasen y hagan una unión, y juntamente con ellos el Monasterio de que mando fundar y hacer el muy ilustre Señor Don de Luis de Sotomayor, tío del Duque de Béjar. Comisionando para dicha ejecución al dicho Duque de Béjar y Conde de Belalcázar D. Francisco de Zúñiga y al Superior de la Provincia Franciscana de los Ángeles Fray Juan de Jerusalén”. Dicha unión, según Juan Ruiz, tuvo lugar de la siguiente forma: el día 22 de marzo de 1574 las monjas que profesaban y residían en el Convento de la Madre de Dios, de la villa de Hinojosa, salieron de dicho convento en procesión y vinieron de esta manera al Monasterio y Convento de la Concepción de la dicha Villa de Hinojosa del Condado de Belalcázar, para residir en el dicho Convento con las demás monjas que en el residen, tomando el hábito y profesando la regla de la Purísima Concepción; sujetas a la jurisdicción y obediencia de los Superiores Franciscanos de la Provincia de los Ángeles”. El 28 de abril de 1693 a las siete de la mañana Fernando de Guzmán Obispo Dignísimo de Segovia daba comienzo a la Consagración de la Iglesia de este Convento de la Purísima Concepción Franciscana. Una función religiosa que terminaría cuatro horas después, a las once de la mañana. Antes de acercarnos a la arquitectura de este edificio, detengámonos en la biografía de algunas de sus moradoras. En este monasterio profesó como religiosa Sor Jacinta de Santa Teresa, hija de Francisco de Paula Romero y Palomeque, conocido militarmente como el Brigadier Romero que tenía su casa solariega en la calle situada frente de la entrada a la capilla del convento. Un militar de gran importancia en la primera guerra carlista que dirigió acciones de gran brillantez y éxito militar en Navarra, Huesca o Paso de Ebro. Conocido popularmente como “el condesito” durante la segunda guerra carlista sería nombrado Comandante Militar de Ronda. Su carrera militar continuaría en África como jefe de una brigada de lanceros. Su éxito en la batalla de Tetuán le hizo merecedor de la Gran Cruz de Isabel la Católica. La reina Isabel II le otorgaría también el “simpático Mil Hombres”, una comunicación que permitía al insigne militar y a todos sus descendientes el poder añadir al escudo de sus armas una flor de oro con la inscripción “Ganada en África”. Posteriormente le sería otorgada la Gran Cruz de San Hermenegildo. Su muerte en Hinojosa el 15 de mayo de 1570 dio paso a la manifestación de luto más importante de este pueblo. Una de sus hijas, Sor Jacinta de Santa Teresa, nacida de su segundo matrimonio con doña María de los Ángeles Balmaseda y Gómez Bravo, profesó como religiosa en este convento de las Madres Concepcionistas de Hinojosa. Según su biógrafa, aunque era bella, rica e ilustre no quería brillar en el mundo y decidió entrar a este convento como religiosa el primero de enero de 1880. La delicada condesita de 18 años practicaba la penitencia durmiendo sobre un duro jergón, ciñéndose cilicios, flagelando su cuerpo y ayunando. La ilustre condesita trabajaba como una criada en los oficios más bajos; barría, fregaba, cocinaba, etc. Se ejercitaba en la humildad más profunda. Fue tal su influencia y trayectoria en este monasterio que su vida quedó reflejada para siempre en una biografía “La margarita escondida. Vida de la M. R. M. Sor Jacinta María Teresa de Jesús Romero Palomeque Balmaseda y Gómez Bravo”. Por ella sabemos que en 1887, con tan sólo 24 años fue nombrada reformadora del Convento de Pedroche y dos años después en 1889, electa Abadesa de este convento de Hinojosa. Tras su fallecimiento en el año 1910, la Curia Diocesana de Córdoba iniciaba el proceso de su Beatificación. Conozcamos ahora este singular edificio: Dos bellas portadas de estilo renacentista configuran la fachada exterior del convento. Una de ellas formada por altos pedestales sobre los que se alzan columnas que sujetan un entablamento que cobija en su interior los escudos de nobiliarios de los Zúñiga y Sotomayor. Las portadas aparecen rematadas por frontones triangulares partidos sobre los que se disponen sendas hornacinas. En el interior, junto a la sobria capilla principal cubierta por grandes arcos fajones que explican la presencia de los robustos contrafuertes exteriores, destaca también el claustro que se dispone en torno a un gran patio central con una galería de arcos sustentados en columnas de granito. Los puntos de vista y las múltiples perspectivas de esta monumental fachada parecen no agotarse nunca. Cambian de acuerdo la calle por la que accedamos a contemplarla bien desde la Plaza de la Catedral a través de la Plaza de San Juan y la calle Jesús, por la calle Monjas o bien desde la calle Brigadier Romero, donde se sitúa la antigua casa solariega del condesito, hoy convertido en mesón cuya bella portada podemos contemplar sólo caminando unos pasos. Este majestuoso Convento de la Concepcionistas fue utilizado al final de la Guerra Civil como cárcel y entre sus muros fueron recluidos un gran número de combatientes del ejército republicano.

Audio descripción del Monumento

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